Continuar con la formación una vez conseguido el título de grado universitario es una necesidad para las personas modernas. Por un lado, les evita naufragar en el cada vez más competitivo mundo laboral. Por el otro, les ayuda a enriquecer su acervo de conocimientos, único activo que nadie les podrá arrebatar.

Hacer un posgrado es una excelente opción al respecto, si lo que se busca es una especialización extrema en un área determinada. Pero ¿por qué no pensar en estudiar una segunda carrera? Hacerlo reporta enormes ventajas que vale la pena tener en cuenta.

Amplia el rango de oportunidades laborales

El solo hecho de tener dos títulos, así no guarden correlación alguna, ya hace más atractivo el currículo de cualquier aspirante a una plaza laboral. Además, también facilita el encontrar trabajo en una u otra profesión, una ventaja nada despreciable si se tiene en cuenta la alta tasa de desempleo en regiones como Latinoamérica, donde ronda el 8.4% y afecta a más de 26 millones de personas.

Pero más allá de eso, abre la posibilidad de aprovechar la flexibilidad brindada por las nuevas tendencias del mercado laboral. Así las cosas, por ejemplo, una persona con un título de contador y otro de abogado, puede ejercer como asesor contable independiente en múltiples pymes, y a la vez tomar procesos judiciales que no le exijan una dedicación de tiempo completo.

Ayuda a cambiar de rumbo laboral

A muchas personas les sucede que estudian determinada carrera por pasión, pero al terminarla descubren que las oportunidades laborales que esta ofrece son pocas o nulas.

Al respecto, la segunda carrera es la solución. Por ejemplo, alguien se graduó en artes escénicas porque era lo que le apasionaba, pero como no conseguía ubicarse en una plaza que le reportará buenas ganancias, estudió desarrollo de software, un programa que actualmente garantiza excelentes ingresos y flexibilidad laboral. Así trabaja en una profesión bien paga, mientras en las tardes continúa dedicado al teatro, mundo que realmente le apasiona.

Sucede lo mismo a la inversa ¿Cuántas personas no se equivocaron al escoger la carrera? ¿O la estudiaron por mandato familiar? Muchas. Cuando se gradúan y empiezan a trabajar descubren que ese mundo no es para ellas y anhelan el cambio. En dado caso, la segunda profesión es la alternativa más sensata que tienen para redirigir el camino hacia a aquello que les gusta.

Facilita la continuidad progresiva de los estudios superiores

Esto aplica especialmente para las personas que se gradúan como técnicos o tecnólogos. Si bien se trata de títulos de educación superior que les garantizan mejores condiciones laborales que a aquellas que solo tienen la secundaria, no menos cierto es que una carrera profesional y un posgrado ofrecen mucho más estatus y mejores empleos.

Por eso, la segunda carrera es una excelente solución para que estas personas se consoliden como profesionales, preferiblemente en la misma línea del título técnico o tecnológico que obtuvieron en primera instancia.

Aumenta los ingresos y permite optar a mejores cargos

Los puntos anteriores, se traducen en la posibilidad de incrementar los ingresos. Además, una persona con dos títulos tiene mayores posibilidades de ascender laboralmente, simplemente porque cuenta con una perspectiva más amplia y un mayor acervo de conocimiento que el de sus colegas compañeros de trabajo.

Lo bueno de todo es que, al tener una segunda carrera, las personas conocen gente de diferentes sectores económicos que amplían su círculo social y le permiten construir relaciones sociales de valor para todos. Invertir en más educación siempre es la mejor opción.